Las secuelas del acoso escolar pueden arrastrarse hasta la primera etapa de la edad adulta

El saber que hasta el 5% de la población infantil será pasto de la depresión asusta.  Pero el pensar que  a alguno de nuestros hijos le pudiera tocar esta lotería lo hace aún más.  Aunque la depresión hay que diferenciarla de algún momento de bajón o tristeza puntual que los niños puedan sentir y que es perfectamente normal, por nuestra parte siempre debemos tener ojo avizor para detectar las señales que nos puedan poner sobre la pista de una depresión juvenil.   Uno de los factores clave relacionados con esta grave enfermedad mental se encuentra en el acoso escolar.

 

Uno de cada 20 niños padecerá algún tipo de episodio depresivo antes de los 19 años según indica la Clínica Universidad de Navarra.   

 

Las niñas son más proclives a padecer depresión que los niños

 

Todos conocemos de sobra que la depresión es una las consecuencias del acoso y del ciberbullying, hasta el punto de que constituyen un foco de riesgo de suicidio muy alto.  Sin embargo, la investigación clínica ha conseguido ir un pasó más allá para demostrar que esta relación bullying- se mantiene en los primeros años de la edad adulta, y que el acoso escolar supone un riesgo de padecer episodios depresivos en edades posteriores.

 

El acoso escolar padecido en la infancia o la adolescencia está detrás de hasta casi el 30% de la depresión adulta.

 

Un estudio llevado a cabo por psicólogos y académicos del Univesity College of London y de las universidades de Oxford, Warwick, y Bristol demuestran que detrás de hasta el 30% de las depresiones que sufrimos pasada esta edad están en estrecha relación con las secuelas resultantes del acoso escolar.  Así lo han publicado en la revista British Medical Journal.

 

Los resultados de esta investigación sugieren una estrecha relación entre el sentimiento de “victimismo” padecido en la infancia (alrededor de los 13 años) y la depresión posterior padecida en los inicios de la edad adulta.  La muestra fue tomada en jóvenes adultos de 18 años, a quienes hoy en día todos damos por adolescentes.  De los que admitieron haber padecido acoso, hasta el 14% tenía un diagnóstico de depresión.  Además, el 10% de los que habían padecido un mayor acoso sufrían episodios más largos que podían llegar hasta los dos años de duración.

La clave de no dejar secuelas está en eliminar la tendencia a la victimización y activar la resiliencia de los que han padecido bullying

 

La detección y la prevención como principal “vacuna”

Si bien la depresión adulta puede obedecer a tendencias genéticas y tener una génesis endógena y de tipo biológico, en muchos otros casos esta depresión será consecuencia de factores externos.  Tal es el caso de las depresiones arrastradas desde la infancia como consecuencia del bullying.

Estas nuevas evidencias subrayan la importancia de abortar cualquier iniciativa de bullying implementando medidas preventivas desde el colegio, como son los test de acoso escolar.De entre estos, destacan especialmente los tests sociométricos por captar la radiografía social del grupo, a nivel de amistades y enemistades que surgen de forma natural en el aula.

 

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