niñas bullying

Patricia Peyró @kontrolparental

Apenas trascienden a la opinión pública los casos de bullying que terminan en la tragedia del suicidio juvenil, pero es una realidad habitual en los colegios y que puede llegar a afectar a uno de cada cuatro niños en sus diferentes niveles de gravedad. Hablamos del acoso escolar o bullying. ¿Por qué padres y educadores tendemos a minimizarlo o restarle importancia?

“No es un tema sólo de padres y educadores, sino que trasciende al ámbito social”, explica la psicóloga Ana Rubio. Según la experta es algo cultural muy duro de aceptar y que produce como consecuencia “el fenómeno de la negación social”. Cuando una persona o sociedad no es capaz de resolver un tema, “la negación es el mecanismo inconsciente que nos ayuda a no sentirnos tan culpables pretendiendo que el problema no existe”, asegura la experta.

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Manejar el dolor de los hijos no es fácil y por eso se produce la negación del problema

La consecuencia de esta negación se escucha en frases que todos conocemos: “es cosa de niños”, “ha ocurrido siempre”, “no te puedes meter”, o “los niños tienen que aprender a defenderse”. Sin embargo, “negar la existencia del problema no resta gravedad a las secuelas que deja en el niño”, explica la psicóloga. Estas abarcan una gran variedad de síntomas de ansiedad y del estado de ánimo como la depresión, pero también “trastornos del sueño, numerosas enfermedades psicosomáticas y una tendencia al abuso de sustancias como drogas o alcohol, o a los trastornos de alimentación como la anorexia y la bulimia”.

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A veces los padres no entienden a sus hijos y malinterpretan su evitación al colegio

El resultado se dejará ver a los pocos meses en un menor rendimiento escolar y en las conductas de evitación del niño, “que empezará a ponerse enfermo todos los lunes o a buscar excusas para intentar no ir al colegio”. Sin embargo, si los padres no se dan cuenta pueden condenar, sin darse cuenta, a su hijo a un sufrimiento extremo que habrán de pasar solos. “Muchos niños nunca dicen nada para no preocupar a sus progenitores, y, en general, denunciarán pasado casi un año del inicio del acoso”, asevera.

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A veces nuestro hijo sólo necesita un abrazo para sentirse querido y comprendido y así

comenzar a hablar de los problemas que lo atormentan

Un silencio consensuado

Lamentablemente el silencio de los padres producido por la negación, el miedo y la falta de información respecto a cómo proceder es distinto a otro quizá mucho más grave y que tiene lugar en los colegios. “En este caso es habitual que los propios profesores o incluso la dirección hagan la vista gorda para no meterse en problemas y, sobre todo, para no dañar la reputación del centro escolar”. “No hay que olvidar que, hoy en día, el acoso escolar es un tema que se oculta pero, a la vez, es una fuente de preocupación para padres”, aclara Rubio. En ese sentido, los padres cada vez más exigen al colegio programas de control del bullying. “De este manera pueden despreocuparse de un asunto muy difícil de gestionar y que, como explicaba anteriormente, podrían llegar a negar por dolor y por falta de recursos informativos, legales e incluso emocionales”.

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