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Arrancamos la sección con el testimonio de Lucas, hoy un hombre adulto que ha necesitado años para poder hablar de ello abiertamente. Así, y todo, “se ha ido abriendo” poco a poco y con diferentes niveles de detalle, que iremos publicando en forma de diario.

“Por dura que sea la situación, aunque no veáis la luz al final del túnel, siempre debéis confiar en la gente que os aprecia de verdad y olvidaros de intentar ascender en una absurda escala social”.

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Desde muy niño me ha gustado escribir. Siempre he disfrutado creando personajes, situaciones…Pero este es mi primer escrito acerca de una experiencia personal, una muy dura, la de mis meses de acoso escolar. No es algo que quiera escribir, es algo que siento que debo escribir, pues después de todos los años que han pasado desde aquello, lo que yo he sufrido poco o nada importa, pero quiero por lo menos intentar que mi experiencia ayude a niños y adolescentes que estén sufriendo esta horrible experiencia a combatir una de las peores plagas de nuestra sociedad.

Actualmente, es difícil imaginarse una vida sin grandes pretensiones, pero lo cierto es que cuando tenía ocho años lo tenía todo al mismo tiempo que no tenía nada. No me importaba en absoluto el inminente divorcio de mis padres ni que las personas más cercanas a mí no comprendieran mi conducta (cuyos extraños rasgos serían posteriormente aclarados cuando se me diagnosticase el síndrome de Asperger). Era un niño con mucha vida interior que estaba contento con quien era, si bien es cierto que buscaba algunas respuestas a aquello que me hacía “especial” o “diferente”, pero que estaba totalmente convencido de que no era algo malo. Todo eso cambió el día que empecé quinto de primaria.

Aunque ese fue el día en que mi mundo se vino completamente abajo, también debo señalar que en los últimos meses, mi concepción del mundo había cambiado radicalmente, pues había dejado de lado mi vida interior y había empezado a comprender nuestra sociedad como lo que realmente era: un club exclusivo del que no todo el mundo podía formar parte. Y yo quería formar parte de ese club exclusivo a toda costa, pues se habían apoderado de mi mente sentimientos que nunca antes había experimentado: la rabia, la envidia…Yo no podía con ello y empecé a sentir como perdía la cabeza, como desconfiaba de las personas que me brindaban su amistad y apoyo de manera incondicional…

Quise empezar a ascender en la escala de los llamados “guays del colegio” para evitar seguir sufriendo el acoso, y aunque conseguí meterme dentro de ese grupo y ser “guay”, fui un iluso al creer que con ello iba a dejar de sufrir acoso, pues dentro de la jerarquía de ese grupo, yo estaba en el escalafón más bajo. Cerré mis ojos a la realidad, soporté el acoso lo mejor que pude, y un día todos mis deseos se volvieron realidad: la gente me respetaba, sentía incluso que me admiraban…Pero todo aquello no era más que una absurda ilusión que duró unos meses hasta que me di de bruces contra la misma puerta contra la que con tanta insistencia había llamado y volví a ser el de antes: un niño raro que contaba con el incomprensible apoyo de unos pocos, pero que era visto como una escoria ante los ojos de los demás.

Y aquí debo decir que algunos profesores del colegio no solo hicieron la vista gorda en lo que respectaba a mis acosadores, sino que les instigaron a que me tratasen de esa forma. Pero también debo ser justo y objetivo, y decir que otros profesores hicieron lo indecible por apoyarme, en ocasiones en los momentos de mayor oscuridad.

Unos años más tarde de todo aquello, cuando tenía catorce años, pensé que todo lo que me había pasado cuando tenía entre diez y doce me lo merecía, pues había rechazado el apoyo de mis amigos, quienes me habían advertido de la clase de personas con las que me quería involucrar, pero que yo, de forma arrogante y autosuficiente, había pensado que no merecía la pena hacerles caso.

Estos son los errores que cometí, no me siento orgulloso de ellos, pero sé que ahora que mi vida continúa y yo me encaro hacia todos los retos que me plantea la vida con todo el coraje y toda la dignidad que poseo, puedo afirmar con orgullo que esta horrible etapa de mi vida ha pasado, y también que la he superado” (Continuará)

 

Lucas Frost es el autor de “Blanca y el jardín secreto”, una saga de varios títulos en los que aborda los diferentes temas subyacentes al acoso escolar. Puedes contactar con el autor y comprar sus libros aquí: alectoblanca@gmail.com

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