Si algo pueden observar los padres desde casa, es que los niños no se encuentran cómodos cuando tienen que hablar sobre bullying.  Ni siquiera en términos genéricos.  Eso nos da una idea de la motivación que tienen para  denunciarlo, en el caso de estar sucediendo dentro de su entorno.  Uno de los retos fundamentales tanto para las familias como para los propios colegios está precisamente ahí.  Se trata de  buscar una fórmula con la que inhibir el silencio infantil sobre el acoso escolar.  La clave para conseguirlo podría estar en trabajar la empatía a través del juego.

Una de las mayores preocupaciones de niños y adolescentes está en padecer acoso escolar.  Sin embargo, evitan hablar sobre ello.

Para ellos es más fácil callar que denunciar, para así no preocupar a sus padres ni ser tildados de chivatos en el colegio

 

¿Por qué callan los niños?

Es un hecho conocido que cuando existe bullying, los niños no lo cuentan a la primera.  De hecho, tardan una media de dos años en reportar los problemas que les afectan cuando estos son graves.  ¿La razón?  Desde no preocupar a su familia, hasta no sentirse “chivatos”.  El resultado de su mutismo contribuye a perpetuar el hostigamiento y la violencia entre iguales.  Romper con este círculo vicioso del bullying pasará necesariamente por cortarlo en algún sitio.  Los expertos hace tiempo han concluido que lo más efectivo para este propósito es incidir en el papel de los testigos pasivos.  El reto estará, pues, en inhibir el silencio infantil sobre el acoso escolar, haciéndoles hablar sin presiones. Y preguntando siempre de una forma no inquisitiva para ellos.

 Las barreras de la comunicación

A la hora de denunciar y hablar sobre el acoso escolar se busca eliminar las barreras y sesgos comunicativos que se producen en la comunicación entre las personas.  Esta comunicación no es lineal, sino que se ve influida por variables personales y subjetivas. Como consecuencia, puede  afectar a que los niños expresen sus preocupaciones o, por el contrario, las callen y guarden para sí.  Para omitir este filtro lo mejor es hablarlos desde la empatía, tratando de detectar sus sentimientos.  Esto se podrá conseguir a través de conversaciones con ellos, aunque dada su tendencia a evitar el tema podría ser difícil.  Será más fácil conseguirlo de forma indirecta, sacando el tema a partir de juegos u otro tipo de recursos audiovisuales o lúdicos.

 

A los niños les cuesta mucho trabajo hablar sobre bullying y por ello debemos buscar fórmulas más indirectas que no les intimiden.  Los libros sobre bullying son una buena idea.

Preguntas y juegos para identificar el acoso

En cualquier caso existen otras formas de inhibir este silencio infantil y de evaluar los posibles casos de acoso escolar o ciberacoso.  La lectura de libros sobre la materia o la visualización de películas u obras de teatro son una forma de traer el tema de conversación, generando un debate posterior.    Otra fórmula es el uso de videojuegos o test en formato lúdico.  Un ejemplo de ellos es mediante el empleo del sociograma.  A través de un sociograma escolar tendremos una garantía de medición exacta y fiable, sin el sesgo de la opinión de un único observador, como pudiera ser el profesor.

Actualmente el test sociométrico, fundamentalmente el sociograma on-line se está utilizando con éxito por su sencilla aplicación en grupo en el aula informática, así como por su bajo coste y gran validez y fiabilidad.  Un ejemplo de esta aplicación es TheBuddyTool:  un sociograma en formato de videojuego de carácter lúdico que consigue desvelar los lazos sociales, detectando el bullying y los niños en riesgo de exclusión.

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