La violencia escolar cobra más fuerza cuando el niño tiene algún tipo de trastorno al existir una clara relación entre discapacidad y bullying

Por más que la infancia de nuestro hijo haya estado exenta de problemas hasta el momento, el acoso escolar podría suceder de repente y de la forma más inesperada.  Cualquier niño puede ser víctima de bullying y por ello no podemos bajar la guardia en ningún momento.  Las probabilidades de padecer acoso escolar, sin embargo, aumentan en algunos casos.  Se trata de los niños que tienen algún tipo de discapacidad o problema, ya sea por un trastorno médico, del aprendizaje o del desarrollo.  La relación entre discapacidad y bullying ha quedado de sobra manifiesta en el sentido de que los niños que son diferentes -por las causas que sean-, presentan un riesgo mucho mayor de padecer acoso escolar.

Los niños con alguna desviación médica o psicológica tienen más probabilidad de ser el centro de atención y padecer acoso escolar

Los trastornos más frecuentes

En la actualidad nuestro sistema educativo permite en casi todos los casos la inclusión de niños con algún tipo de trastorno en el contexto escolar normal.  Salvo casos extremos como podría ser algún tipo de retraso mental severo, las aulas acogen a niños con algún tipo de trastorno del aprendizaje y con alguna afección médica o neurológica.  Ejemplo habitual de estos serían la epilepsia, el trastorno del espectro autista o el Déficit de atención e hiperacividad ( TDAH ). Para que comprendamos la incidencia de estos trastornos, aproximadamente en cada clase habrá uno o dos niños con necesidades especiales representadas en alguna de estas afecciones.

Algunos casos de autismo, como el Síndrome de Asperger, pueden desembocar en un cierto aislamiento social

Los trastornos más habituales, como el TDAH o el autismo, suelen generar comportamientos marcados por la falta del control de impulsos que dificultan la adaptación del niño.  Otras veces la diferencia queda reflejada a nivel del estado de ánimo, que en estos pequeños tiende a presentar índices mucho mayores de ansiedad, generalmente debidos a su condición.

Cuando falla la lectura empática en la persona,  como sucede en el caso del Síndrome de Asperger, el niño no es capaz de comprender las bromas porque no lee el lenguaje no verbal. Se queda, por el contrario, en la literalidad.  Esto les convierte en niños “raros” a ojos de los demás, y por tanto víctimas muy vulnerables al acoso escolar.

Los padres de niños con alguna discapacidad física o intelectual  deben tener clara la existencia de una relación entre discapacidad y bullying

El papel de los padres

Lo primero y más importante será abrir una vía de diálogo fluida con el profesor de nuestro hijo, que debe estar al corriente de lo que le sucede, así como de cualquiera de sus necesidades más específicas.  Con ello conseguiremos que esté más pendiente a cualquier incidencia social que pudiera pasar entre los niños.

Como progenitor, averigua si el colegio aplica algún test psicológico homologado que detecte y prevenga el bullying, como BuddyTool, o si cuenta con algún protocolo garantizado de actuación.

Involucra a tu pediatra

Por más que sean de ámbito más psicológico, además de tratar estos asuntos con el colegio, puedes pedir consejo a tu pediatra.  Como profesional es buen conocedor de las necesidades del niño y podrá advertirte de los síntomas vinculados, por ejemplo, a un estrés severo o a una depresión infantil que podrían necesitar medicación.

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