cerebro niños

Patricia Peyró @kontrolparental

Cuando un niño está siendo acosado se produce toda una serie de cambios químicos a nivel cerebral que desembocan en lo que se llama un “secuestro emocional”, y que lo bloquean e incapacitan.

A la hora de abordar el tema del acoso escolar o el ciberbullying  solemos quedarnos en los aspectos más comportamentales de éste:  en el tipo de relación que se genera y en cómo se retroalimenta.  Los síntomas físicos y psíquicos que afectan al niño se suelen comentar más de soslayo y resumiéndolos en ansiedad y depresión,  a pesar de toda la manifestación que ambas conllevan en forma de insomnio, problemas gastrointestinales u otras formas de psicosomatización.

sistema limbico

El sistema límbico decide por nosotros cuando nos desbordan las emociones negativas

Otra de las “sombras” del bullying tiene un carácter completamente emocional al estar regulado por el sistema límbico, que viene a ser nuestro sistema más primitivo, y el que nos pone en alerta cuando nuestra vida corre peligro.  Para que nos entendamos:  la respuesta que se activa en el niño cuando le acosan puede ser similar a la que sintiéramos cualquiera de nosotros si estuviéramos siendo acechados por un asesino con una sierra eléctrica, activando nuestros mecanismos primarios de defensa.  Así lo explica el psicólogo Agustín Merino Delgado, psicólogo especializado en neuropsicología de la violencia, quien asimismo da conferencias sobre la divulgación del acoso escolar.

goleman

El secuestro emocional fue acuñado por primera vez por el psicólogo Daniel Goleman

El bullying conduce al desbordamiento psíquico

“El bloqueo y la exclusión social, la manipulación de imagen, las coacciones, insultos, amenazas y agresiones físicas, la manipulación y hostigamiento verbal propios del bullying generan una disposición extraordinaria del sistema límbico, y concretamente de la amígdala, hacia dicho tipo de estímulo”, asegura Merino.  El resultado es que “provoca un desbordamiento emocional descomunal, induciendo en el niño su anulación de la capacidad de pensar y reaccionar con claridad”.  Sucede así porque en casos extremos que el organismo entiende como de supervivencia, “la atención se centra exclusivamente en dar respuesta, a las emociones que van generando los estímulos violentos de ese momento,  impidiendo llevar a cabo sus procesos de racionalización.”  Sucede entonces lo que se conoce como secuestro emocional o “secuestro amigdalar” o “secuestro límbico”, un concepto definido por Goleman, el padre y precursor del estudio de la inteligencia emocional.

Una perturbación de la actividad neuronal

Ante situaciones extremas el organismo reacciona con tres diferentes tipos de respuesta:  la preparación para la lucha y confrontación, la huida o la paralización.  Esta última sería la que corresponde al secuestro emocional:  una especie de “congelación” que nos inmoviliza y deja desconcertados en la medida en que nos aleja del pensamiento racional y cognitivo.  Si es una respuesta que aparece en el adulto, podemos imaginar la facilidad con la que podría dispararse en un niño, ya de por sí inmaduro y sin recursos psicológicos o intelectuales para poder enfrentarse a una situación estresante de gran magnitud.

niño ansioso

El secuestro límbico dura alrededor de 30 segundos, y durante ese espacio de tiempo el niño puede perder el control muscular y ver afectada su memoria y capacidad cognitiva.  Necesitará la ayuda de un adulto para recuperarse.

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